Artículos publicados en la revista Astronomía

 

Enero 2015

Movimientos propios

Hace bastantes años que medimos la posición de las manchas solares. Generalmente nos centramos en las principales, p y f (occidental y oriental, respectivamente). Las medidas tomadas diariamente muestran pequeños cambios que dejan de manifiesto que se desplazan sobre el disco solar.

No obstante hay algunos efectos a tener en cuenta, uno debido a la rotación diferencial del Sol sobre su eje y otro a la traslación de la Tierra en torno al Sol.

Dado que el sol es gaseoso su período de rotación no es uniforme como el de un sólido, rota más rápidamente en el ecuador y disminuye con la latitud hacia los polos. Por esa razón, manchas ubicadas a diferentes latitudes pueden adelantarse o retrasarse respecto a la red de coordenadas. Aparentemente, una mancha a alta latitud parecerá desplazarse hacia el este; y hacia el oeste si está cerca del ecuador.

Por otra parte, el hecho de estar situados sobre un objeto en movimiento como la Tierra, hace aparecer otro desplazamiento aparente

Una vez eliminados estos efectos, aún queda una variación continuada a lo largo de los días. Esta deriva la interpretamos como el movimiento propiamente dicho de la mancha y de ahí la etiqueta que les hemos dado de “movimientos propios” (no aparentes).

Estas medidas por otro lado, nos permiten obtener la rotación en ese punto particular y con ello, calcular el período. Por otro parte, podemos hacer una estimación de la longitud recorrida y su velocidad en km/h.

Movimientos de las 3 manchas principales de la región 12056, entre los días 8 y 16 de Mayo de 2014. Las coordenadas son longitud y latitud, tomando como referencia la primera medida de una de las manchas (1º = 12000 km). Las manchas p y f formaban parte del mismo dipolo, mientras que la mancha fn era el residuo de un grupo anterior.

 


Diciembre 2014

Repaso

En este mes de Diciembre, parece ser ya costumbre hacer un pequeño balance de lo que han sido los meses precedentes, repasaremos pues lo que este 2014 ha sido en lo que a la actividad solar se refiere.

Dentro del contexto de lo que va de ciclo, en los comienzos del año (Febrero), tenemos el mayor incremento de la actividad, que nos da los máximos valores del nº de Wolf, superando los números más altos alcanzados a finales de 2011. En esa ocasión fue el hemisferio norte el responsable de la subida, mientras que en este año lo ha sido el hemisferio sur. Este ha seguido dominando en esta fase del ciclo que culminará, como se ve en los meses posteriores, tras un descanso a mediados de año, en un repunte que probablemente represente el punto álgido del ciclo actual para tomar la inflexión camino de un nuevo mínimo.

En definitiva, el año que termina marca un punto de máxima actividad en Febrero que se ha ido relajando hasta mínimos anuales en el mes de Junio. Desde ese punto una nueva subida de actividad, siempre con el hemisferio sur como protagonista, marcan un nuevo máximo en Septiembre que supera incluso lo alcanzado en Febrero.

Salvo sorpresas no cabe esperar nuevos picos tan altos en los próximos meses, ya iniciado 2015.

En especial dos regiones activas han marcado el año, la primera la NOAA 11944 que estuvo asociada a la 11967 con un desenlace final en la 11990, fue la protagonista en los primeros meses.

En Octubre una inmensa mancha compacta la NOAA 12192 acaparó la atención durante todo su desarrollo en el disco solar, siendo la mayor que se ha observado desde 2003. En próximos meses volveremos sobre ella para repasar su desarrollo.

 


Noviembre 2014

¿Existe un efecto Livingston-Penn?

Aunque abordamos este tema a principios de año, vale la pena retomarlo dado que fue tratado en el IV SSN Workshop celebrado en Mayo en Locarno. Recordemos que, a partir de medidas realizadas desde finales de los años 90, ambos investigadores llegaron a la conclusión de que el campo magnético de las manchas estaba disminuyendo, y en consecuencia, que las manchas acabarían desapareciendo en unos años.

En una ponencia elaborada por Fraser T. Watson, y los propios Matthew J. Penn y William C. Livingston, constatan que sus conclusiones no coinciden con las obtenidas a partir de otros conjuntos de datos, y reconocen que los datos obtenidos antes de 2006, contienen un sesgo observacional.

Para entenderlo, supongamos que observamos el Sol un día en que éste tiene manchas. Quizás veamos manchas de gran tamaño, o quizás no, pero lo que casi siempre vamos a observar son manchas de pequeño tamaño con campos magnéticos débiles. No obstante, en los datos de Livingston-Penn, estas pequeñas manchas están prácticamente ausentes durante todo el ciclo 23, dado que hubo una selección y se midieron únicamente las más grandes.

La consecuencia es doble. Los campos magnéticos en el ciclo 24 son menores porque en este caso sí se incluyen las manchas pequeñas, y por otra parte, la disminución observada antes de 2009, no es más que un reflejo de la bajada hacia el mínimo del ciclo 23.

De particular interés resultó también la intervención de Giuliana de Toma (High Altitude Observatory), donde a partir de un conjunto completo de datos obtenido en el San Fernando Observatory, reprodujo el efecto Livingston-Penn, simplemente eliminando las manchas pequeñas del ciclo 23.

No parece existir, por tanto, ninguna evidencia de cambios en la intensidad de las manchas, ni de que éstas vayan a desaparecer próximamente del Sol.

 


Octubre 2014

La región 12056

El movimiento de las manchas es una de las principales causas que producen fulguraciones. Dos manchas de polaridades opuestas pueden aproximarse, o entrar en contacto, y esa cercanía, a menudo ocasiona la reconfiguración del campo magnético y la liberación de la energía que conocemos como fulguración.

Un reciente caso que ilustra este proceso se produjo en la región 12056. Esta región surgió en el principal complejo de actividad del hemisferio norte, y apareció por el limbo el 5 de mayo. Mostraba 3 manchas principales, que en la figura hemos denominado A, B y C. Mientras que A y C tenían polaridad p, B poseía una polaridad f.

Dada la distribución de polaridades, cabe suponer que C era la mancha residual de un antiguo grupo que evolucionó en el hemisferio oculto, y que A y B constituían un grupo bipolar surgido posteriormente al suroeste.

Las medidas de posición muestran que A y C se movían casi en paralelo hacia el noroeste, mientras que B lo hacía hacia el nordeste. Estos desplazamientos aproximaron las manchas B y C, uniéndose sus penumbras y creando lo que se conoce como configuración delta.

En la imagen, las flechas indican sus movimientos y el trazo rojo señala aproximadamente la línea neutra que separaba ambas polaridades. Fue a lo largo de esa línea donde se originó la potente fulguración (M5.2) del 8 de Mayo.

Posteriormente, ambas manchas se fueron separando a una velocidad relativa de unos 250 km/h, mientras se reducían de tamaño y la configuración magnética se relajaba; produciendo a partir de entonces, solo fulguraciones de clase C. Las manchas terminaron por desaparecer unos días más tarde, cuando la región se encontraba cerca ya del limbo oeste.

 


Septiembre 2014

La región 11944 – 11967

En Enero pudimos asistir a la aparición de un complejo de actividad que nos ofreció el mayor conjunto de manchas del ciclo. Su evolución resulto un tanto difícil de interpretar dados los cambios que tuvieron lugar durante su paso por el hemisferio oculto.

En la imagen hemos representado el aspecto que presentaba los días 6 y 10 de Enero (1º tránsito), y 2 y 5 de febrero (2º tránsito). Las imágenes se han pasado a proyección rectangular, para eliminar la distorsión por perspectiva, y hemos centrado horizontalmente la mancha principal, que fue la única que sobrevivió todo ese tiempo, sin tener en cuenta por tanto, los movimientos propios.

Cuando la región reapareció por el limbo a finales de Enero la situación era confusa. Parecía que se hubiese “dado la vuelta”, ya que ahora la mancha principal se encontraba al Este.

Gracias a las naves Stereo, que pueden observar el hemisferio oculto desde la Tierra, tenemos suficientes pistas para entender lo que pasó. Los días 17 y 18 de Enero se observa un fuerte incremento de brillo al Oeste de la mancha principal, lo cual puede asociarse con la aparición de un nuevo grupo, y poco después, entre los días 21 y 22, se puede ver como se “apaga” la zona al Este.

Así pues, parece que todas las manchas salvo la principal, desaparecieron en el hemisferio oculto, viéndose reemplazadas por otras nuevas al Oeste.

Durante ambos meses, este complejo produjo hasta 6 grupos principales, y otros muchos de pequeño tamaño, constituidos principalmente por poros.

 


Julio - Agosto 2014

Complejos de actividad

Cuando se buscan ciclos en el registro de números de Wolf, además del más evidente de 11 años, es habitual encontrar otro con una duración aproximada de un mes (similar al periodo de rotación solar). Este periodo no es permanente, sino que suele presentarse en intervalos que van de tres meses a más de un año, estando ausente en otros momentos.

Como es infrecuente que un grupo de manchas dure más de tres meses, parece lógico pensar que  dicho periodo se debe a una forma de actividad diferente, que persiste durante meses en la misma zona y se presenta ante nosotros con cada rotación solar.

Se denomina complejo de actividad a una región limitada de la superficie solar, que produce grupos de manchas durante varios meses de manera casi continua. Pueden superar los 20º de longitud, y mantenerse activos durante más de un año. Sin embargo, no busquemos una definición precisa. Si carecemos de una definición de lo que es un grupo, aún más de lo que es un complejo.

De hecho, es muy raro encontrar referencias en textos divulgativos, y cuando buscamos artículos de investigación, cada autor utiliza definiciones y métodos diferentes, llegando en ocasiones a conclusiones inconsistentes entre sí. Es por tanto, un tipo de actividad poco conocido, a pesar de ser fácil de observar.

En el ciclo actual, los complejos se están mostrando en consonancia con el nivel de actividad general, siendo menos abundantes y activos que en ciclos anteriores. El más duradero hasta el momento, apareció en el hemisferio norte y mantuvo su actividad desde enero de 2011 hasta abril de 2012.

 Imagen obtenida el 11 de Mayo donde se ha marcado un reciente complejo de actividad. Este complejo ha acaparado aproximadamente el 40% de todos los grupos aparecidos en el hemisferio norte desde Marzo, y ha sido responsable en gran medida, de los picos de actividad de Abril y Mayo.


Junio 2014

4º SSN Workshop

Entre el 19 y el 23 de Mayo se ha celebrado en Locarno, Suiza, la cuarta edición del “SSN Workshop”. Estos talleres, que se iniciaron en 2011,  presentan un gran interés para todos los que nos dedicamos a observar el Sol, dado que tienen entre otros objetivos, revisar la serie histórica de números de Wolf, y proporcionar las herramientas necesarias para mantenerla en el futuro.

El número de Wolf constituye probablemente la serie temporal más extensa que existe en ciencia, lo cual hace que sea muy utilizada, no solo en física solar, sino en otros ámbitos, como la climatología, la estadística o la teoría del caos… No obstante, posee ciertas inconsistencias que es necesario entender y corregir.

Quizás la más importante sea la conocida como “discontinuidad de Waldmeier”. Waldmeier, director del Observatorio de Zurich, modificó la forma de hacer los recuentos de manchas en torno a 1946, y desde entonces, los valores obtenidos están sobreestimados respecto a los anteriores.

Además, es necesario establecer una relación más sólida entre el número de Wolf y otros índices de actividad. Así por ejemplo, existe otra forma de hacer el recuento usando solo grupos de manchas; y aunque la actividad derivada de ambos índices coincide en muchos puntos, existe una discrepancia importante antes de 1885.

Las bases establecidas en este encuentro llevarán a la publicación en un futuro próximo, de una nueva serie más completa y consistente.

Por otra parte, también se han analizado diversos aspectos históricos, o algunas características de la actividad solar en los últimos ciclos. De todo ello iremos dando cuenta en futuros artículos.

 


Mayo 2014

Las medidas de área

Durante Enero y Febrero, el Sol nos ha ofrecido el conjunto de manchas más extenso de lo que llevamos de ciclo, mientras que el área total alcanzaba los valores más altos desde el ciclo pasado.

El área es uno de los índices de actividad más utilizado, junto con el número de Wolf y el flujo en 10.7 cm. La serie más completa de áreas es la del Observatorio de Greenwich, cuyos datos abarcan desde 1874 hasta 1976 y fueron obtenidos sobre placas fotográficas. Desde que el Observatorio cesó esta actividad, otros observatorios han intentado retomar su labor y se viene haciendo un importante esfuerzo por calibrar adecuadamente las series obtenidas por las diferentes estaciones.

Después de Greenwich, la serie más completa corresponde al Observatorio de Debrecen (Hungría), que inició su serie en 1977, utilizando también fotografías en luz blanca.

En 1981 comienza su actividad el Solar Optical Observing Network (SOON), aunque con una metodología diferente. Se trata de varios telescopios similares ubicados en diferentes longitudes terrestres, y en lugar de fotografías, utilizan dibujos con un diámetro de 18 cm. Las medidas se hacen con un conjunto de plantillas con círculos y elipses para las áreas y otras para las posiciones. SOON sacrifica la precisión en aras de la rapidez, procurando mantener la obtención de datos casi en tiempo real.

Aunque al cabo de los meses, número de Wolf y área aumentan y disminuyen con la actividad solar, en una escala temporal de días no siempre van sincronizados. Esto se debe a que ambos índices miden cosas diferentes. El primero se relaciona con el número de manchas, mientras que el segundo nos informa sobre su tamaño.

Así pues, son formas complementarias de medir la actividad solar. Muchos grupos pequeños harán aumentar el número de Wolf, pero no el área; y viceversa, unos pocos grupos de gran tamaño, incrementarán el área, pero mantendrán el número de Wolf en niveles moderados.

 


Abril 2014

El evento Carrington III.- La tormenta

El 2 de septiembre de 1859 llegó a nuestro planeta la onda de choque originada en el Sol 17h antes. En las estaciones de Kew y Greenwich registraron oscilaciones del campo magnético que superaron el tope de la escala, lo cual hace difícil cuantificarlas. En Bombay por el contrario, los registros se hicieron a mano y muestran las mayores fluctuaciones observadas en una tormenta magnética. No obstante, la rapidez de la variación dificulta su interpretación, y existen evidencias de que, en parte, su origen se encuentra en la ionosfera, y por tanto, no sería un registro representativo.

Los índices que se utilizan para medir la intensidad de una tormenta, no se usaban en 1859 por lo que no es posible una comparación directa. Sin embargo, las estimaciones muestran que no fue significativamente más intensa que las mayores tormentas observadas desde entonces.

Las auroras de 1859 se llegaron a ver a 20º de latitud, lo cual no es frecuente. De 1849 a 1958 solo hay 6 auroras bien documentadas que hayan rebasado una latitud de 30º. No obstante, la tormenta de 1872, cuya aurora alcanzó los 19º, ocupa un lugar modesto entre las más intensas registradas.

Quizás los efectos más espectaculares tuvieron lugar sobre las redes telegráficas de la época. Algunos aparatos quedaron inutilizados, y otros pudieron funcionar sin baterías gracias a las corrientes inducidas en los cables. En algún caso, éstas provocaron pequeños incendios.

Lo cierto es que diversos estudios ponen de manifiesto la especial vulnerabilidad de las redes telegráficas a los efectos de una tormenta magnética, y cabe preguntarse hasta que punto se pueden extrapolar a la tecnología actual. Otras tormentas comparables ocurridas más recientemente (1989 ó 2003, por ejemplo), no tuvieron efectos devastadores. A lo sumo, se produjeron apagones, interferencias en las comunicaciones, etc…, pero a las pocas horas o días, se normalizó la situación.

 

 


Marzo 2014

El evento Carrington II.- La fulguración

Las fulguraciones se clasifican utilizando su emisión en rayos X, y así por ejemplo, X5 equivale a 5 x 10-4 W/m2 . Ahora bien ¿cómo podemos clasificar una fulguración que ocurrió en 1859, cuando ni siquiera se conocían los rayos X? Solo podemos comparar sus características con las de otras más recientes y asumir un alto grado de incertidumbre.

La radiación emitida suele provocar una perturbación en nuestro campo magnético, denominada SFE (Solar Flare Effect). Atendiendo a la intensidad del SFE, la fulguración  de 1859 es la cuarta por orden de importancia, viéndose superada por otras en 1942 y 2003

Por otra parte, el tiempo que tardó la onda de choque en llegar a la Tierra fue de solo 17.6h, superado por el evento del 4 de Agosto de 1972, y similar al de otra fulguración en 1946.

También se ha escrito mucho sobre un aumento en las concentraciones de 10Be y de nitratos, detectados en núcleos de hielo recogidos en la Antártida y Groenlandia, y producidos por los  protones llegados del Sol. Sin embargo, estudios recientes demuestran que no existe ninguna señal detectable en dichos núcleos de hielo, que pueda asociarse al evento de 1859.

La fulguración más intensa de la era espacial se produjo el 4 de Noviembre de 2003, y se suele clasificar entre X25 y X45 (los sensores se saturaron y solo es posible una estimación). La intensidad de la de 1859, derivada a partir de sus características y sus efectos sobre la Tierra, (que repasaremos en el próximo número), se estima entre X10 y X45 (lógicamente, el margen de error es mayor).

Un catálogo recopilado por Neidig y Cliver recogía 57 fulguraciones en luz blanca entre 1859 y 1983. Por sí solo, esto ya indica que la de Carrington fue una de las más potentes que se han observado. Sin embargo, es comparable a otras fulguraciones posteriores, y aunque poco frecuente, no parece que pueda considerarse un fenómeno excepcional.


Fulguración del 4 de noviembre de 2003 observada por el SOHO (ESA/NASA).

 


Febrero 2014

El evento Carrington I.- La historia

Recientemente nos sorprendía la noticia de que la ciudad de Boston va a gastar nada menos que 500.000 dólares en comprar jaulas de Faraday, para ayudar a prevenir los hipotéticos efectos de una tormenta magnética de gran intensidad, que previsiblemente pueda ocurrir en un futuro próximo.

Ciertamente, en los últimos años hay una creciente preocupación por este tema, debida a diversas causas cuyo análisis nos llevaría muy lejos (el máximo solar, nuevos medios de observación como el SDO, Holywood,…). Ahora bien, ¿hasta qué punto están justificados estos temores? ¿Alguna vez se ha observado algo parecido?

Quizás lo más aproximado a esta super-tormenta sea lo que se conoce como “evento Carrington”, cuya denominación engloba la fulguración del 1 de Septiembre de 1859 y sus efectos sobre nuestro planeta.

Nada mejor que dejar que sea el propio Carrington el que nos describa su observación:

“Me había asegurado de tener diagramas de todos los grupos y manchas, y me dedicaba a cronometrar y registrar los contactos de las manchas con el retículo usado en la observación, cuando dentro del área del gran grupo al norte ( … ), aparecieron dos manchas de luz muy brillante y blanca, en las posiciones indicadas en el diagrama adjunto con las letras A y B y con la forma de los espacios dejados en blanco.”.

Carrington fue a buscar a alguien que confirmase la observación, pero al regresar, el aspecto había cambiado bastante: “Las últimas trazas estaban en C y D, habiéndose desplazado considerablemente desde su primera posición, y desaparecieron rápidamente como dos puntos de luz blanca.”

Unos 30 km al norte, R. Hodgson detectó el mismo fenómeno, indicando que su brillo era similar a Vega observada con un gran telescopio a bajo aumento.

Horas después, los magnetómetros en diferentes partes del mundo registraron fuertes alteraciones, acompañadas de auroras a baja latitud, y el colapso en las comunicaciones telegráficas.

Aunque era conocida la correlación entre el ciclo solar y la frecuencia de las tormentas magnéticas, Carrington fue el primero en identificar la causa, relacionando su observación con la tormenta del día siguiente. El próximo mes repasaremos algunos aspectos de la fulguración.

 


Enero 2014

¿Desaparecerán las manchas?

Quizás uno de los descubrimientos recientes sobre actividad solar que más ríos de tinta ha hecho correr, es el del “efecto Livingston-Penn”. Estos dos investigadores del National Solar Observatory, vienen midiendo el campo magnético de las manchas desde los años noventa, y lo que observaron fue que el campo magnético mostraba una disminución progresiva que no parecía ligada al ciclo de actividad. Además, las medidas de intensidad umbral mostraban manchas cada vez menos contrastadas, lo cual también sugería un menor campo magnético.

De mantenerse la tendencia, el campo magnético rebasaría el umbral de los 1500 G, y las manchas desaparecerían en unos pocos años, dando origen a un nuevo mínimo de Maunder.

No obstante, es evidente la diferencia de comportamiento entre el ciclo anterior y el  actual, que está mostrando un campo magnético constante, sin trazas de disminución. Curiosamente, esto ha hecho retrasar la fecha prevista para la desaparición de las manchas, desde 2017 en el artículo original (2006), hasta 2021 en un segundo artículo (2010). Ahora mismo, la extrapolación nos llevaría aproximadamente hasta 2030 como mínimo, dependiendo mucho de la función utilizada…

Recientemente, Nagovitsyn y Pevtsov, del Observatorio de Pulkovo, han sugerido una posible explicación a este efecto. Dichos investigadores miden solo la mancha que presenta un mayor campo magnético cada día, y lo que observan es una variación cíclica, sincronizada con el ciclo solar. De hecho, esto mismo aparece en la gráfica de Livingston y Penn, si solo nos fijamos en los valores máximos.

¿Cómo conciliar ambos comportamientos? La existencia de dos poblaciones de manchas de diferentes tamaños, ya detectadas por otros investigadores, podría ser la respuesta. La proporción entre manchas grandes y pequeñas varía a lo largo del tiempo, y en los últimos años se ha observado un mayor número de manchas pequeñas, y menos manchas de gran tamaño. Al promediar sobre todas las manchas, el efecto neto observado sería una disminución del campo magnético.

Por supuesto, esto deja abierta la cuestión de explicar la existencia de esas dos poblaciones de manchas, y del doble efecto dinamo que las originaría.

 


Diciembre 2013

¿Un doble máximo?

A la hora de caracterizar un ciclo de actividad se suele recurrir a una serie de parámetros, como su duración, la altura del máximo, el tiempo de subida al máximo, o de bajada al mínimo. Estos parámetros pueden transmitir la impresión de que un ciclo tiene un desarrollo suave y uniforme, pero nada más lejos de la realidad. Son  frecuentes los altibajos,  paradas o escalones en la rama ascendente o descendente, etc…

Un rasgo que aparece en muchos ciclos es la presencia de dos máximos separados por un intervalo de menor actividad denominado “gap de Gnevyshev”. La existencia de dos máximos, generalmente es debida a la asimetría norte-sur. Los dos hemisferios del Sol pueden tener niveles de actividad muy diferentes, y esta asimetría no parece debida al azar sino que hay indicios de que responde a determinados patrones a largo plazo.

Cuando representamos el ciclo solar separando la actividad por hemisferios, se puede observar que existe un desfase entre ambos, de manera que uno de ellos suele llegar al máximo antes que el otro. Precisamente es este desfase el que origina los dos máximos, cada uno correspondiente a un hemisferio diferente.

Según estudios recientes, un hemisferio se adelantaría al otro durante 4 ó 5 ciclos. Entonces el desfase se invertiría, y el segundo hemisferio llegaría antes al máximo en los 4 ó 5 ciclos siguientes. Desde el ciclo nº 20, el hemisferio norte se ha adelantado al sur, y este mismo comportamiento se está repitiendo en el ciclo actual (nº 24). En próximos años habrá que comprobar si el desfase se invierte.

Mientras tanto, el primer máximo se produjo a principios de 2012, protagonizado por el hemisferio norte. Después la actividad se moderó mientras la asimetría se reducía. En los últimos meses el número de Wolf parece mostrar un nuevo aumento, lo cual puede anunciar un segundo máximo. Veremos si esto es así, o el Sol nos depara alguna sorpresa.


Desfase en los máximos de los últimos ciclos solares, según hemisferios.

 


Noviembre 2013

Inversión de polaridad

Aunque en el Sol, los campos magnéticos superficiales pueden distribuirse de formas muy diversas, las zonas polares se encuentran generalmente dominadas por una única polaridad magnética, opuesta en cada hemisferio, y que se invierte en las proximidades del máximo de actividad.

La inversión de polaridad suele representar un hito en el desarrollo de cada ciclo, aunque no es algo que tenga lugar en una fecha determinada, sino que se trata de un proceso gradual. Además, es habitual que haya un cierto desfase entre ambos hemisferios, de manera que pueden tener durante un tiempo la misma polaridad.

Es posible, y relativamente fácil con medios de aficionado (con un filtro H-alfa y una cámara digital), determinar cuando se producen estas inversiones, y para ello se pueden usar las protuberancias como marcadores.

Una propiedad de las protuberancias es que se forman en las líneas neutras que separan ambas polaridades, de manera que si tenemos una región ocupada por una polaridad, las protuberancias se formarán en el borde de esa zona, pero no en su interior. Esto significa que una medida de la latitud de las protuberancias nos puede revelar la extensión de esa región que rodea al polo y como disminuye de tamaño a medida que se ve sustituida por la polaridad opuesta.

En la gráfica se han representado la latitud y extensión de las protuberancias medidas en varias campañas a lo largo de los últimos años en el Observatorio de Cantabria (la gráfica es similar al diagrama de Maunder para manchas). Las líneas rojas indican aproximadamente los límites norte y sur en los que aparecen, y a su vez marcan la extensión de las regiones magnéticas polares.

La inversión se produce en el momento en que las protuberancias alcanzan el polo, y como vemos, eso ocurrió a mediados de 2012 en el norte, mientras que en el sur podría retrasarse hasta principios de 2014. Este desfase está asociado con la evolución de la asimetría N-S, y la posibilidad de que el ciclo actual posea un máximo con doble pico.

 


De Mayo a Octubre se publicó, dividido en varias partes, un resumen del artículo sobre la historia de las manchas solares:

http://www.parhelio.com/articulos/artichistoria.html


Abril 2013

PARHELIO: Una perspectiva diferente.

De los numerosos recursos solares que se encuentran en  internet, PARHELIO (www.parhelio.com) es una página que nació en 1999, para dar a conocer trabajos algo más especializados de lo que se suele hacer en observación solar.

A lo largo de los años, más de 60 observadores han participado con sus imágenes, datos, artículos, etc …, y fruto de su trabajo son, por ejemplo, los más de 52.000 números de Wolf obtenidos desde 1980, o los 15 años de observaciones a simple vista (SV) que se recogen en la página.

El desarrollo de nuevos métodos, con la utilización de software propio, nos facilita las medidas de posiciones de manchas con errores inferiores a 1º; y esta precisión hace posible calcular los movimientos propios de las manchas, sus velocidades y periodos de rotación.

Asimismo, estos métodos permiten acceder, por primera vez con medios de aficionado, a la medida precisa del área cubierta por las manchas, tanto en grupos individuales como en la totalidad del disco.

El seguimiento de la actividad no solo se hace con el número de Wolf, SV, o el área. También vigilamos el comportamiento de la asimetría entre ambos hemisferios, el desarrollo y evolución de complejos de actividad; o elaboramos mapas sinópticos de la superficie solar.

La actividad también queda registrada en dibujos o fotografías diarios. En la página se pueden encontrar imágenes obtenidas durante los últimos 20 meses (unas 8000), tanto en luz blanca, como en calcio, o en Ha.

Otros programas de observación se hallan aún en fase de desarrollo, como la medida de latitudes de protuberancias (indicativo de la extensión de los campos magnéticos polares, y de la inversión de su polaridad), o la detección de fulguraciones mediante la recepción de señales VLF.

Parhelio dispone también de un grupo de correo (http://tech.groups.yahoo.com/group/obs_solar), activo desde 2002, que está constituido por casi 50 miembros, y nos sirve para intercambiar observaciones, noticias, impresiones,…. sobre el Sol y su actividad.


Medidas de posición de la mancha 11490p realizadas por cuatro
observadores diferentes, entre el 24 de Mayo y el 2 de junio de 2012.
En ese intervalo recorrió unos 70000km a más de 300km/h.

 


Marzo 2013

¿Es tan extraño este ciclo?

En el momento de tomar las riendas de esta sección, permítasenos un recuerdo, breve pero sentido, a la figura de Angel Alberto González Coroas. Durante años, sus observaciones y artículos nos mostraron la actividad solar y su influencia sobre la Tierra. Su constancia, tanto observacional como divulgativa, son un ejemplo para todos nosotros.

Desde hace tiempo vienen corriendo ríos de tinta sobre lo extraño que está resultando el presente ciclo de actividad. Sin embargo, en un reciente artículo, Frédéric Clette y Laure Lefèvre, investigadores del SIDC, muestran que con la perspectiva adecuada, esto no es así.

Por una parte, lo que está fuera de lo normal es la actividad de los últimos ciclos, mucho más activos que la media, y son ellos los que están condicionando fuertemente nuestra evaluación del ciclo actual. En segundo lugar, desde el año 2000 parece haberse roto la correlación entre el número de Wolf y otros índices de actividad, como si se hubiesen contado menos manchas de las que cabría esperar.

Otros autores ya habían revelado que, comparando el último ciclo (Nº23) con los anteriores, el número de grupos de tipologías C - F era parecido, pero se observaba una importante reducción en los grupos A y B. A la luz de este trabajo, el que resulta anómalo, en realidad es el ciclo 23, y el déficit de pequeñas manchas puede explicar sus peculiares características, especialmente en su segunda mitad.

Por el contrario, durante el ciclo actual (Nº24), los índices de actividad parece que van volviendo a la normalidad, y que se va recuperando la correlación que existía entre ellos antes del año 2000. Habrá que esperar algo más para ver si esta tendencia realmente se consolida.